El reto de la industrialización: Por qué un buen diseño no siempre es un buen producto
A menudo recibimos en nuestras oficinas diseños de producto que, sobre la pantalla, son auténticas obras de arte de la ingeniería. Sin embargo, cuando llega el momento de ponernos manos a la hora y fabricar, la realidad se impone: costes de mecanizado prohibitivos, materiales imposibles de conseguir o ensamblajes que requieren manos de cirujano.
Reto de la industrialización es saber dar el paso de la idea al prototipo funcional con un proceso creíble y obtener un producto rentable para mejorar los procesos de producción.
El diseño para la fabricación: menos es más
El Diseño para la Fabricación (Design for Manufacturing) no consiste en recortar funcionalidades, sino en optimizar procesos. Un error común es diseñar piezas con geometrías que obligan a realizar múltiples cambios de posición en una fresadora CNC, lo que dispara el tiempo de ciclo y el coste unitario.
En Meilav, cuando abordamos un proyecto de ingeniería de producto, nuestra prioridad es simplificar. Reducir el número de componentes no solo baja el coste, sino que minimiza los puntos de fallo. Como ya comentamos en nuestro artículo sobre diseño mecánico y realidad, la clave está en que la ingeniería nazca pensando en el taller, no solo en el software CAD.
Consejo Meilav:
Ajuste al máximo solo donde haya una función crítica (como un rodamiento o un ajuste de precisión). Para el resto, permita que el proceso de fabricación respire. Una décima de milímetro puede ser la diferencia entre un proyecto viable y uno deficitario.
La validación mediante el prototipo funcional
Siempre es incierto la efectividad de un producto gasta que se toca. La fabricación de prototipos en nuestras instalaciones nos permite detectar colisiones mecánicas o dificultades de montaje que el ojo humano no percibe en un render 3D.
El prototipo es el momento de la verdad. Nos permite probar la ergonomía en sistemas de biomecánica y salud o la resistencia estructural en componentes para automoción antes de realizar grandes inversiones en moldes o utillajes definitivos.
La importancia de los utillajes en la fase de escalado
Una vez validado el prototipo, el siguiente reto es la repetibilidad. Para que la pieza 1 sea igual a la pieza 1.000, es fundamental el diseño de utillajes a medida. Estos elementos aseguran que el proceso de ensamblaje o soldadura sea constante, reduciendo el error humano y garantizando que la industrialización sea un éxito fluido.
Industrializar es, en esencia, gestionar el riesgo. En Meilav creemos que la ingeniería no termina cuando se entrega el plano, sino cuando la máquina o el producto sale de la línea de producción cumpliendo con las expectativas de coste y funcionalidad.
Si tienes un proyecto en fase de diseño y quieres asegurarte de que su paso a la producción sea rentable, estamos aquí para ayudarte a aterrizar tus ideas.




